La chica del perro que me encontré en el Metro

En los albores del día de la Mujer Trabajadora, el Metro esta tardando mas de la cuenta en llegar. Los servicios mínimos del 25% se anuncian de forma monótona y repetitiva cada dos por tres en la megafonia de la estación. Estoy un poco cansado y tengo ganas de llegar a casa. Me siento en el banco del andén mientras escucho una sesión de Mixcloud cuando la veo aparecer andando hacia mi. Lleva un cachorro de perro en sus brazos, me mira y se sienta a mi lado. El cachorro se me acerca, le acaricio y nos olisqueamos. Ella es muy joven, tiene el pelo semi rizado y viste unas ropas que no parecen ser suyas. Empieza a hablarme con naturalidad, como si me conociese de toda la vida. Me dice que se llama Adriana, que se ha quedado sin pienso para su perro, que vive en una pensión, que tiene 19 años, que tiene que pedir para poder comer y dormir caliente, pero que esta contenta porque ha encontrado un trabajo de comercial de servicios de telefonía (!). Me llevo la mano al bolsillo y saco todas las monedas que llevo, cuatro o cinco euros, y se los doy. Me sorprende que una chica tan joven se encuentre en esa situación, pero ella parece estar muy tranquila. Llega el metro y todos subimos al vagón. Cuando se cierran las puertas y siempre con su perro en brazos empieza a hablar a todos los pasajeros: “me llamo Adriana, tengo 19 años, no tengo para comer. Pido una moneda para mi y para mi perro”. Un par de chicas abren sus monederos. El resto de pasajeros mira hacia otro lado. Cuando pasa junto a mi nos sonreímos. Cuando llego a mi destino y bajo del tren, ya la he perdido de vista, y me siento profundamente culpable por no saber que mas podría haber echo por ella.

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