La última batalla del ejercito nazi

Tras el final de la batalla de las Ardenas, en enero de 1945, los equipos de ingenieros estadounidenses, provistos de detectores de minas, empezaron a comprobar si los Panzergrenadiere de las SS habían colocado trampas explosivas en los cadáveres de los infortunados que habían perdido la vida allí. Luego los equipos del Registro de Tumbas y los médicos comenzaron su trabajo. La tarea resultó sumamente dificultosa, pues todos los cuerpos estaban cubiertos por lo menos de medio metro de nieve y se hallaban completamente congelados. La mayoría tenía heridas múltiples, con agujeros de bala en la frente, en las sienes o en la nuca, probablemente consecuencia de la acción de los oficiales y los Panzergrenadiere, que iban de un lado a otro disparando el tiro de gracia. Algunos cadáveres estaban sin ojos, devorados por los cuervos…

Fuente: “Ardennes 1944”, de Antony Beevor.

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