La abuela perdida que temblaba de frío

Habia decidido que era mejor conducir por la Riera Blanca en vez de hacer un camino mas recto y logico, y solo para evitar encontrar posibles controles de alcoholemia de los Mossos. Esto no indica que conduciese mamado, pero los cuatro que venian conmigo cantaban y reian de modo tan evidente que me harian el candidato perfecto a tener que soplar. Mientras esperabamos sin prisa en un semaforo en rojo, ella apareció andando muy despacito girando la esquina. No tarde ni un segundo en darme cuenta de que algo malo ocurría.
Temblaba de frio. Era muy delgadita. Iba en pijama y zapatillas. Baje del coche y me acerqué a ella. Entre temblores pude darme cuenta de que no sabia donde estaba y parecia tener problemas para entender todo. Yo y otro chico del barrio testigo de la escena nos miramos y el llama al 112.
La cara de la mujer era llena de surcos y arrugas, algo que delataba muchos años de vida. Quizás demasiados. Sus ojos de un intenso color azul me observan con cara de preocupación. Le pregunto donde vive y su nombre, pero solo responde incongruencias sin sentido. Quizas tenga alguna enfermedad mental, pero no parece alcoholica o tirada de la vida. Me da mas la impresión de que se encuentra en un extraño shock. Intento conseguir algo de informacion pidiendole datos sin atabalarla y hablando en tono suave, pero solo dice frases inconexas. Observo que en una mano lleva una llave de armario. Abro el capo del coche, saco mi chaqueta, y se la pongo encima para que deje de temblar.
La llamada al 112 proporciona resultados espectaculares. En pocos minutos, cinco unidades de los Mossos han llegado a la zona y parece que al menos ahora la abuelita esta atendida. Uno de ellos coge su chaqueta y se la pone encima a la mujer. Una vez que estan ellos aqui, mi presencia se hace innecesaria. Me despido de ella diciendole que “estos chicos la llevaran ahora a casa”. Uno de los agentes me da las gracias. Aunque en realidad, no se bien por que…

Eran las 5 de la mañana de un dia festivo en una gran ciudad dormitorio cuando un grupo de amigos de fiesta dispuestos a tomar la ultima copa en un local de Hospitalet encontraron a una abuelita perdida y temblando e interrumpieron su fiesta para ayudar. Siempre he pensado que nuestra sociedad no pone a nuestros mayores a la altura de lo que merecen. Los jubilados son apartados del mercado laboral cuando dejan de ser productivos, y a partir de ese momento son una carga. Es muy triste ver a una mujer muy mayor, perdida en las calles de una gran ciudad, en invierno, pasando frío, sin saber quien es. Hoy, 24 horas despues sin poder olvidarlo y con mi insomnio habitual, he dedidido transcribirlo. Para recordarlo. Porque no debemos olvidar, que puede que algún día seamos como ellos.
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