La almorrana de Puigcercós
Publicado en Junio 30, 2008 at 16:00 por Desf
La presencia en el palco de Fernando Alonso, la vibración positiva en las gradas de los miles de aficionados, y la de los muchos millones de españolitos que seguían el partido a través de la televisión, contrarrestó y casi anuló por completo el gafe que aportaba la presencia de José Luís Rodríguez Zapatero. La selección podía haber ganado por tres o cuatro a cero, pero al final se quedó en un único tanto de el Niño Torres que por fin es un jugador emblemático. En un pequeño pueblo costero de la Costa Brava la gente se lanzó a las calles con banderas españolas, gritando enfervorecidos y haciendo sonar los cláxones. Casi no me lo podía creer. En un pueblo en el que ondea la bandera independentista en el mástil del ayuntamiento, aquello era una demostración exultante y clara de un sentimiento españolista que en otra circunstancia más habitual, suele estar agazapado y temeroso de dejarse ver. Me preguntaba donde estarían ahora Puigcercós, Ibarreche y Carod Rovira. Esos naZionalistas que rajan a todas horas contra todo lo que huela a español. Van a tener unos cuantos días para cuidarse mutuamente la almorrana, esa que les escuece tanto y no les deja pensar ni vivir. Luís Aragonés, el Sabio de Hortaleza, se marcha ahora por la puerta grande y como un señor que hizo lo que tenía que hacer frente a las críticas e insultos que ha tragado durante su tiempo como seleccionador nacional. Hizo tragar de un tirón y sin anestesia el “Raúl-Selección” y el “Luís-Dimisión” a todos sus detractores, los mismos que ahora le comen las pelotillas detrás de muchos despachos, redacciones y micrófonos de radio y televisión endiñandoles un “ZÁS-EN-TOA-LA-BOCA” realmente memorable. Y a don Luís le debemos agradecer que nos haya regalado este momento deportivo que quedará en la memoria colectiva por mucho tiempo. A los aprensivos les comento que se muy bien que los problemas de la vida real no tienen nada que ver con ser campeones en fútbol. Yo hoy estoy hecho un asco y me cuestra trabajo hasta respirar. Me alegra el delirio de todo el pueblo por la victoria colectiva, pero mis motivos y mis problemas personales más o menos graves, son otros…

